Edilio Lugo Medina: La senda del progreso

0
31
-Publicidad-

Por: Edilio Lugo Medina

CNP: 10.805

FVP: 4.713

IG: @eldrpsi

Dedicado a mis amigos y colegas: Rocío, Raúl y José Rafael

Desde chiquito, siendo pequeñines, nos hablan y comentan sobre la importancia de la escuela, los estudios. Ciertamente una de las instituciones sociales más importantes en la historia de la humanidad es la educación, esto es un asunto indiscutible. La Escuela es otra cosa, pues se ha convertido en una institución o aparato social para adoctrinar, ideologizar y hasta para hacer negocios, pero digamos que fundamentalmente la escuela, sirve como el primer y sostenido escenario de socialización y moldeador comportamental. No en vano la angustia de muchos padres al momento de seleccionar el colegio donde integrarán a sus hijos, para muchos representa un dilema digno de una historia dramática y cruenta, una verdadera novela. El destete o separación que impone «soltar» al niño al juego de lo social es una angustiosa experiencia que abre las puertas a la incertidumbre como muchos otros episodios de la Vida, aunque este particularmente tenga un sentido mágico, encantador pues nos llena de ilusiones justamente porque abre un marco de esperanza en lo que confiamos sea «lo mejor para los hijos».


Esa cortina esperanzadora no se detiene hasta la universidad, si se extiende un poco más allá, será propio de los privilegiados con estudios de «cuarto o quinto nivel», pues como dice un amigo larense de escasa formación: «yo no estudié pero sí sé, que los libros no muerden» (…)

El caso es que con mucha fe, es la educación el recurso primario y casi único (eso que llaman suerte, sí existe, el destino o el talento juegan a favor algunas veces) elemento para apostar al cambio y que ese, un inocente zagaletón, cual «tabula rasa», sea convertido en sabio cargado de conocimientos como para ganarse la vida decentemente. Esta premisa es un mapa, una letanía que al repetirse incesantemente terminamos apropiándonos de ella y la asumimos como verdad absoluta. En Venezuela, y por igual en América Latina ingresar a las universidades se ha convertido por muchos años en toda una aventura: déficit presupuestario, mafias internas, sobre-demanda de algunas carreras, venta de cupos, corrupción, politización de la academia y otros factores construyeron una compleja realidad, e igualmente, la experiencia más nutritiva, consistente y definitiva para convertirnos en agentes de cambio y servidores para el bien común desde cualquier especialidad en que decidiéramos formarnos. Pero la realidad universitaria en nuestro país en los últimos 20 años ha sido convertida en un calamitoso tema, fraccionada, degradada e ideologizada.


Es cierto que se han creado diversas opciones a rigor y gusto de las apetencias y criterio ideo-político del gobierno, a expensas del deterioro y sometimiento de las más ilustres y prestigiosas casas de estudios, las más de las veces «enfrentadas» como «debe ser» al aparato oficial. Esta tendencia que discrimina y desequilibra ha resultado fatal, sólo ha sumado a la polarización, no integra, nos separa, nos dispersa y fragmenta. Hablo desde mi humilde experiencia de más de 30 años como docente universitario de pre y postgrado en siete (07) universidades venezolanas: UNICA, URU, LUZ, URBE, UNY, UNEXPO y UCLA. Todas gratificantes vivencias aunque con amargos pasajes claro está, que me permiten aseverar la metamorfosis de un joven impetuoso, crudo, inocente para verlo convertido en alguien sagaz, calculador, competente. Justamente en eso consiste el sortilegio de la universidad, es decir la fortuna de poder acceder a la universalidad del conocimiento, en convertirnos como decía el Dr. Carl Rogers «en mejores personas». La educación universitaria es una especie de autolavado, restan impurezas, pulen nuestro brillo y el resultado es la muestra de nuestro mejor rostro.


Como consecuencia del descuido y deterioro, intencional o no, planificado o no, aunque tengamos nuestras sospechas, reiteramos tan obstinados como optimistas, nuestra firme convicción de ser la universidad esa «Casa que vencerá la oscuridad», ese maravilloso universo donde surja «Después de las nubes, el sol» que seguirá sirviendo como base para el progreso y fundamento vital de «Diario Progreso», esta ventana comunicacional abierta para crear un periodismo de profundidad, humano y entrañablemente comprometido.


-Publicidad-